EL SILENCIO CONTINENTE

EL SILENCIO CONTINENTE
DISEÑO: GASTÓN PÉRSICO

EL SILENCIO CONTINENTE POR LILIÁN CÁMERA

Algo responde siempre al ala que interroga
a quien se inclina ante el graznido
de un ataúd. Todas las cosas se entreabren
un instante, te desgarran con dientes amados,
en un continente de amnesia , de promesas
en los paraísos de la catástrofe.

Final de Estación – Enrique Molina, del libro Hacia una isla incierta.

Adelanto con este epígrafe de Molina un concepto-eje del libro de Javier Galarza: El Silencio Continente es un libro de Duelo, ya desde la tapa impecable donde la foto de Cecilia Szalkowicz es cruzada por un bando negro sobre las ramas (invernales?) y nos remiten a una desnudez anunciada:

el corazón de la noche se detenía en la copa de los árboles

Si duelo para Freud en su texto de 1915 es:
reacción frente a la pérdida de una persona amada o de una abstracción que haga sus veces, como la patria, la libertad, un ideal, etc. En este sentido el duelo no solo se presentaría frente a la muerte de un ser querido, sino también con relación a situaciones que impliquen la evidencia para el sujeto de una falta, o de algo que ha de dejar atrás y que no volverá a recuperar, pero que deja siempre un recuerdo.

Recuerdo, grieta, anclaje en la deriva de los textos.

Cuál sería entonces ese objeto perdido? el cuerpo de la amada?
no tengo albas sin tu cuerpo
el del Padre?

padre rilkean heart

el de la escritura?

está allí y no

el propio cuerpo del poeta que vaga por un territorio hostil?

(comarcas donde no se cesa de no partir).

Tal vez todos ellos, si por ellos entendemos una ausencia que repica, una campana de cristal al modo de Sylvia Plath que sumerge al yo, lo envuelve para ir desde el sonido incierto a un silencio casi (casi) perfecto.

Sin embargo y como la famosa carta de Poe, a la vista de todos y bajo la sutileza de un título, un dato se nos escamotea por definitorio, la fundación misma de la morada, no mera textura neo-gótica y neo-romántica a mi entender, sino imperio de:

(la noche)
aún así la oscuridad y el sueño guarecen


Galarza construye un Castillo sobre esos cuerpos perdidos, sin duda es el Castillo «emblema», la vastedad es la de sus habitaciones cerradas, su música es un anhelo perpetuo de silencio:

en los viñedos solos - bajo la luna de los magos -
aprendimos el silencio

habla ahora si el resto es silencio

Ausencia que traslada un muriendo, aquello que se busca con desesperación y se cancela al nombrar, entonces el artefacto gótico estalla con toda su fuerza, es trama de la trama.

¿qué infamia te impide morir, tal vez dormir?/ será la materia de los sueños/ la sombra eterna de una duda?

muere hasta la última /muerte/lejana en lo inmediato


vi el amor y vi el mundo helado y he visto lo que/ no podía morir

sabrán que retornaré?

Esta morada se anuncia en plenitud en el poema Un Susurro en la Mansión del Silencio donde la esquina de sombra y el secreto guardado recibe la luz inesperada de Heidegger:

ese espacio que nos interpela desde lo que se retira

El resto (operación que es algo más que la ruina de ese habitar en la intemperie) nos habla de estanques, de candiles, de brujas, de muñecas, de áreas de crimen precintadas (resguardadas de sí?) de barcos toda la noche, de tempestades, de bosques, de niños que buscan caminos que los pierdan.

Estas locaciones de la catástrofe, contaminan la escena de los 5 libros (fases del duelo?)
siendo que en el Libro II se abreva (con lengua ardiente) en las aguas oscuras del gothic.

Y en las otras guaridas?

guaridas en alfabetos y lenguaje/ postal de un abismo contenido en la palabra.

Una llave/mandala irrumpe ante cada apertura de cofre/libro:

pandora. la caja de los males. ha sido detonada./la intemperie. la intemperie.

En el I nos develará el secreto mejor guardado del crepúsculo, nótese la palabra crepúsculo y el alba que se presenta como aniquilación de ese espacio onírico y feroz donde la tiniebla guarece. Aquí, en el entramado neo-romántico sigue colándose esa mutación negra, pues la amada no deja de caer entre túneles, lechos, templos, espejos, arrebatos, se pierde en navíos, en mares, en países de caracoles, zozobra bajo la luna de las mareas. Amarre que siempre se deshace para marcar sólo huellas, estelas, coordenadas de la inestabilidad. El punto de extrañeza se fija en el poema Septiembre que a modo de postal Trakl, realiza un movimiento de zoom sobre un paisaje quieto, la palabra y la siesta de dios, desplazando al objeto amoroso.

En el Libro III se agudiza la fase melancólica pues los cuerpos del amor se sustraen, son barridos hasta casi su disolución posible

reconocimiento de las víctimas tras un atentado

entonces el poeta clama, pregunta, ruega

pido exilio en el corazón de los milagros.

Hay un extravío, que da medida de nuestro desamparo

abrázame estoy volviendo a casa

y una pérdida habitada hasta la extinción. Es notorio como en algunos poemas esta imposibilidad cobra su precio en la hoja. Pequeñas cascadas, espacios en blanco, escaleras, guiones, paréntesis que no ciñen palabra alguna, la repetición del no montada geográficamente, la nada bordeada a través de señuelos (distancia-olvido- lejos- celada -partir-) hasta cerrar con la forma mínima de Mito

que me ampare tu mentira/que me lleve

concesión a una derrota que no por pre-vista es menos dolorosa.

En el Libro IV (Profundizando el camino de la disolución) se llega al punto de peligro, apuesta máxima la de internarse en un desierto sin agua, puro silencio y espera por la palabra salvadora. En ese andar sobrecogido, lo inabarcable crece, se petrifica como un bosque milenario.

vi un mundo donde todo estaba sólo
y estaba bien

eran tan lindos los días sin mí

colapsado ya el concepto de lugar


El sujeto cae, queda preso de paisajes desolados, instancia de olvido, ha probado los frutos del invierno, rasga los cristales de una noche detenida.
Pero en el final desanda un camino de silencio, aprestándose a una nueva fundación, en lo omitido afirma su resistencia, se llama.

Finalmente en el último libro/cofre (V), guardadas para las inclemencias de la tormenta, las palabras advienen se disponen a una nueva cartografía, donde algo aún permanece inquieto

qué débil muerte brilla allí

y sin embargo realiza un montaje entre este que

soy/que fui/ que fuimos/todo esto que aun tiembla para dentro de la imposibilidad re-hacer las preguntas que permitirán seguir escribiendo:

¿moraremos en templos y esperanzas / a la luz incierta de los días por venir?

Y una respuesta posible:

acaso el alba devuelva mi sombra estremecida

En este lugar, en esta «estación» dos de los poemas más bellos (y tan distintos en su forma) de El Silencio Continente: Fragmentos de un Poema Imposible y Variaciones sobre el Olvido y el Perdón. Quizás para mostrarnos que la poesía es por si misma inabarcable, incierta, desentendida de sí y por ello reacia a las etiquetas, Javier Galarza pulveriza todo lo vertido hasta aquí para los otros 64 poemas y cuela con el amor (en una fecha clave de la historia argentina) la furia y el dolor por todos los cuerpos sustraídos, no los fundacionales del Castillo, sino aquellos silenciados por el olvido, la pena y el punto final de un perdón que no puede llegar en tanto siguen muriendo.

Por último el cierre, (del duelo) la aceptación de que estamos perdidos y hay un tal vez que como la madeja cae sobre el piso de la existencia: pizarnikiamente invertido:

vida que nos has de llevar

oh vida

que nos has de llevar

oh vida

que nos has de llevar

©Lilián Cámera

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